VIAJE DE YOGA A INDONESIA, ENTRE MEDITACIóN Y BELLEZA NATURAL.

Practicando yoga en un mundo mágico.

No podía imaginar una mejor manera de disfrutar de mi primer viaje de yoga a Indonesia. 15 días plenamente dedicados en cuerpo y alma a la meditación, a descansar en unas islas de ensueño, recorriendo lugares increíbles y rodeada de gente entrañable.

Un viaje de yoga a Indonesia, en el que nos une la afición por la práctica del Yoga, la fascinación por este paraíso terrenal y la atracción por esta cultura de profunda espiritualidad.
Tantas pasiones juntas, y una sensación de absoluto bienestar que crece día a día en cada uno de nosotros, me permitieron experimentar sensaciones que no creo que hubiera sido capaz de alcanzar fuera de este viaje.

Tuvimos la suerte de contar con la compañía constante de nuestra maestra, Beatriz Bernal, que además de dirigir nuestras sesiones diarias trabajaba con cada uno de nosotros de forma individual, incluyendo experiencias y terapias ayurvédicas…

Cada jornada se recibía o se despedía con una sesión de hora y media de yoga, a cada cuál en un entorno más mágico y espectacular. Mi cuerpo lo agradecia tanto…

Esta dedicación a nuestro cuerpo y mente, esta saludable forma de meditación en movimiento que nos fortalece física y anímicamente, tuvo resultados exponenciales en el grupo de viajeros que disfrutamos juntos de la experiencia de descubrir esas mágicas tierras.

Porque la práctica de Yoga se acompañaba de interesantes descubrimientos a través de rutas alternativas que nos llevaban a conectar con la Indonesia más mística, la Indonesia de ritos ancestrales, de templos y lugares sagrados que calman el espíritu.

El Monte Batukaru, donde se honra a los tres elementos esenciales (el agua, el aire y las plantas); Tirta Empul, el templo de las fuentes sagradas al que los balineses acuden a rezar y a purificarse con sus aguas de propiedades curativas; y Besakih, la madre de los templos; Ubud… Ubud merece un apartado entero, es una ciudad tan especial.
Realizamos distintas actividades al aire libre, con esta tremenda naturaleza como testigo, y llenándonos de energía. Excursiones a pie o en bicicleta que nos permitieron descubrir nuevos tesoros mientras todo nuestro cuerpo se activaba y se oxigenaba. Baños en cálidas aguas, a orillas de islas casi vírgenes y una variada, sabrosa y sana gastronomía, aportaron el resto…

Saludábamos y despedíamos el sol de Indonesia, mientras nos conectábamos con nosotros mismos y con aquellas místicas tierras… un viaje tan distinto a cuantos he hecho anteriormente, no veo el momento de volver a Indonesia, aunque sea en mis recuerdos, en cada clase de yoga, en mi ciudad, a muchos meses y muchos kilómetros de allí, aún sigo transportándome a las playas, los arrozales, los entornos únicos en los que una vez práctique yoga.

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