SOSSUSVLEI… UN CUADRO MODERNISTA EN EL DESIERTO DE NAMIBIA


Sossusvlei
es un salar, un antiquísimo lago que recogía las aguas del río Tsauchab que discurre por un cañón, seco desde hace cientos de años seguramente y a través del cual se llega.
Por otro lado está Deadvlei, que viene a significar pantano muerto y también se formó por las crecidas del rio cuando este desbordaba, pero la peculiaridad de este paraje son las acacias muertas que permanecen como testigos mudos de una vida que un día existió en aquel lugar, no hace tanto, se calcula que unos 900 años atrás, después de que el desierto acabara por hacerse también con esa parcela de vida, poco a poco los árboles fueron quemándose al sol, manteniendo sus ramas retorcidas y negras para disfrute del viajero que se aventura a llegar hasta allí, como un cuadro de Dalí, abstracto, sugerente y lleno de color.
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Es uno de esos lugares que hay que visitar al menos una vez en la vida, yo lo tenía apuntado, subrayado, y no veía el momento de llegar, temiendo al mismo tiempo que las expectativas se chocaran con una decepcionante realidad, pero afortunadamente no me decepcionó…
Ya desde el cañón de entrada uno se siente envuelto en la majestuosidad del lugar, encerrado entre altas dunas que a primera hora toman un color hermoso malva, todavía hay acacias y arbustos vivos acompañando nuestro camino, y es que el desierto nunca está desierto del todo, y los Oryx y las gacelas pasean entre la escasa vegetación.
Pero pronto todo se convierte en tierra muerta, en desierto puro y duro, donde solo sobreviven los más resistentes, los que se han adaptado, los BICHOS que dejan sus huellas en miniatura sobre las dunas arenosas que van tornándose en color albaricoque a medida que avanza el día.
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Las dunas son elevadas, muy elevadas, de hecho aseguran que son las más altas del mundo, y entre ellas la más alta es la duna 45, que llega a alcanzar los 300 m, a ella se puede subir a primera hora de la mañana, ¡eso sí! cuando los vehículos paran al pie del la montaña de arena, y los viajeros namibios y sudafricanos saltan de los 4×4 descalzos… ellos viven prácticamente descalzos, y se lanzan a escalar por la cresta de la duna. Como donde fueres haz lo que vieres, yo también me descalzo y les sigo en la escalada, dejando que la arena moldee las plantas de mis pies, como aún es temprano la arena está fresca y es una delicia, pero la jodía duna es alta y laaarga, yo me paro a la mitad, y me siento a descansar, en uno de esos momentos de comunión con la naturaleza, el resto continua hasta lo más alto de la duna, y para cuando vuelven el sol ya pega fuerte, y la duna se ha recalentado, todos nos damos prisa para salir de la arena ardiendo cuanto antes.
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Siguiente parada…Sossuvlei acaba el asfalto y empieza la arena, a través de la antigua torrentera del río, no existe camino propiamente dicho, sino solo un millón de rodadas, los 4×4 botando buscan la mejor vía, a veces parece que nos vayamos a quedar enganchados, pero nuestro conductor tiene su experiencia… aparcamos los coches y nos lanzamos a una caminata de 1100 m hacia Deadvlei, parece poco ehhh, pero se me antojan 5 km, la arena se ha reblandecido por el calor, avanzamos fatigosamente y el sol recalienta hasta las ideas, pero el premio es justo.
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Deadvlei se esconde entre las dunas, mostrando sus árboles negros, de brazos retorcidos, quizás queriendo protegerse también del abrasador sol. El que en otra vida fuera pantano se ha convertido en una zona ovalada y seca, de arena blanca y refulgente que hasta hiere a la vista, pero uno queda hechizado por el conjunto del suelo blanco, las paredes naranjas, rojizas, y el cielo azul, ni una nube, …entre medias destacan las acacias muertas, endemoniadamente negras… y resulta simplemente mágico.

Ya estamos deseando volver a disfrutar la magia de este país africano…. ¿te vienes a Namibia?