Cuba se descubre a través de su gente.
Aparte de los puros, el comunismo, los coches clásicos y el Malecón de la Habana… Cuba es también el embrujo de la santería, la sensualidad de la salsa, las playas desiertas, los rincones secretos. Pero sobre todo Cuba es su gente. Los cubanos enamoran, tan amables, generosos, educados, orgullosos, compasivos, espontáneos, y sobre todo alegres.
La personalidad de este pueblo es enorme y un viaje a Cuba no está completo sin compartir parte con ellos, conociendo su historia y su cultura en primera persona.

En nuestro viajes a Cuba nos gusta alojarnos en casas particulares, donde nos hacen sentir como invitados de honor, mientras compartimos conversaciones alrededor de una mesa, vamos descubriendo este país de contrastes.
La cultura afrocubana forma parte de la identidad nacional, y se deja sentir en el argot popular y, por supuesto, en la santería. Se calcula que Cuba está constituida por aproximadamente un 50% de mulatos, un 40% de blancos y un 10% de negros. Eso explica la gran influencia africana en sus gentes.

En el interior de estos hogares descubrimos que los cubanos, de puertas para adentro, cuestionan las decisiones políticas de su gobierno, pero no lo harán nunca fuera de sus hogares. Con ello nos encontramos ante una de las grandes contradicciones de esta Isla, dónde por un lado se limitan las libertades y, por otro, se abona el desarrollo del espíritu libre…

Los niños, por ejemplo, están por todas partes y se mueven con total libertad. Participan en todo tipo de actividades y, por supuesto, de una educación gratuita y universal que no discrimina a ningún pupilo.
La música es vital y no se puede llegar a entender bien este país sin la música. Cuba es cuna de artistas y su creatividad innata está presente en cada rincón. Sus ritmos son libres, ilimitados, y contagiosos…

Lo mismo que su religión, o mejor dicho religiones. Una curiosa mezcla de las creencias que los esclavos africanos importaron, y de un catolicismo que llegó hace ya más de 500 años. Un país comunista que no puede renegar de su fe, de sus almas de creyentes, tanto en la religión como en la revolución. Una religión con múltiples interpretaciones que también refleja la libertad de las almas de sus fieles.




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