EL PERITO MORENO

El día comenzó frio ya en el interior de mi tienda de campaña. Cubierto con una cansina llovizna, de esos días en que no quieres salir de la tienda, ni siquiera del saco. Pero el Perito Moreno, el gran glaciar, esperaba y me obligué a salir, para disfrutar del precioso paseo que es de por sí la llegada hasta el glaciar.

Bordeando el lago pronto asoma una de las paredes de hielo. Se aparca a 1 km del mirador y se accede a él con un minibús… o puedes subir andando, un paseíto para entrar en calor… y entonces llegas a la plataforma, un montón de pasajes de madera elevados entre la arboleda, dejando de entrever el hielo azul… hasta que te lo encuentras de golpe enorme, abarcándolo todo.

Perito Moreno es uno de esos lugares que hacen que te sientas pequeñito antes la grandiosidad de la naturaleza. Esta gran lengua de hielo, 5 km de rio helado que avanzan sobre el Lago Argentino con una altura de 60 metros, modifica su fachada cada día por efecto del deshielo y el desgaje de grandes trozos helados que caen entre ensordecedores estruendos sobre al lago.

Cada cierto tiempo el glaciar se une a la tierra cerrando el paso del lago, pero el continuo golpeo del agua erosiona el hielo formando un arco que finalmente cae. Lo había observado cientos de veces en vídeos por internet, pero no podía ni imaginarme el espectáculo que sería en persona.
De vuelta a El Calafate, ha salido el sol, la carretera que hicimos junto al lago argentino nos muestra su belleza de un increíble color azul, más cian que turquesa. El calafate es una ciudad pequeña pero bulliciosa, muy turística, pero no exenta de cierto encanto, aunque solo sea por el hecho de ser capaz de trasladarte de golpe a un pueblecito de montaña en los Alpes suizos, con sus casitas de madera, su paseo principal lleno de cafés, con gran ambiente, es de lejos la ciudad que más me gusta de la Patagonia.

Y además el lugar ideal para probar el Cordero Patagónico, ¡asado a la estaca! sencillamente delicioso, de esos platos para comer a dos manos, sí, sí, con las manos, y acompañarlo con un sabroso y reconfortante vino argentino… preparados para la siguiente etapa hacia el Sur.

El próximo día visitaremos Torres del Paine, pero eso será ya en Chile.

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